miércoles, 23 de enero de 2008

UNA VOZ DE IZQUIERDA

Martí Bátres Guadarrama

(secretario de desarrollo social del GDF)


1. La injerencia. Este año se elegirá al presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática. Pero esta contienda no se parece a ninguna de las anteriores. La disputa real no es entre Alejandro Encinas y Jesús Ortega.


A diferencia de todas las elecciones previas de dirigencia nacional, en esta ocasión no se trata de una lucha interna. Lo que caracteriza este proceso es la intervención de la derecha en la elección del presidente del partido de izquierda más importante del país.

Por primera vez en la historia del PRD, los líderes de opinión que siempre han combatido a este partido hoy opinan interesadamente sobre su proceso interno. Los editorialistas que llamaron a votar por Felipe Calderón teorizan ahora sobre el futuro de la izquierda en México y dictan recetas sobre cómo debe comportarse.

María Amparo Casar, asesora de Santiago Creel, escribe su artículo “Las dos izquierdas”. Enrique Krauze nos ofrece un texto llamado “Por una izquierda liberal”. Héctor Aguilar Camín hace lo propio con “Repensar a la izquierda”. Esteban Moctezuma escribe sobre “Las potencialidades de la izquierda moderna”. David Páramo, el vocero editorial de los banqueros, nos habla de la “izquierda buena” que apoya las privatizaciones, y de la “izquierda mala” que las rechaza. Jorge Fernández Menéndez describe las coaliciones internas que se deben formar para derrotar a Andrés Manuel López Obrador. Y Óscar Mario Beteta hace lo propio, entre una cascada interminable de opinadores de la derecha que hoy, curiosamente, nos dicen qué conviene más a la izquierda.

Por su parte, gobernadores y funcionarios federales no se inhiben. Aconsejan, susurran e incluso llegan a utilizar a la PGR en esta coyuntura. Los demás partidos forman incluso comisiones legislativas para intervenir en los comicios internos del PRD.

2. La nueva derecha. Es la derecha, la nueva derecha, la que busca influir en el rumbo del PRD. Es una derecha que pone el acento en una agenda marcadamente económica. La nueva derecha ha nacido con la globalización y el neoliberalismo. No es moralista. Es pragmática. En otros países, esta derecha puede tener en sus gobiernos a funcionarios de color, como Colin Powell o Condoleezza Rice. Puede ser tolerante con el tema del aborto, como Rudolf Giuliani, o extravagante en su vida personal como Nicolas Sarkozy.

La vieja derecha concentraba su agenda en los temas de la vida privada, en los valores patriarcales de la familia tradicional, en la cercanía con la jerarquía católica, en la reverencia hacia las formas monárquicas de gobierno, en el rechazo a las libertades individuales de jóvenes y mujeres, en la censura de los temas relativos a la sexualidad, en el combate a la educación laica. Así eran Francisco Franco, en España, y Salvador Abascal —padre de Carlos Abascal— en México.

Ahora la nueva derecha no se ocupa mucho de esos temas. Lo que le interesa más es la apertura comercial de los países en desarrollo, la privatización de las empresas públicas, la reducción de los impuestos a empresas y empresarios, la flexibilización del trabajo, las facilidades para la inversión extranjera y el pago puntual de los compromisos financieros, entre otros puntos. Voceros activos de la nueva derecha pueden incluso llegar a apoyar la Ley de Sociedad en Convivencia o la despenalización del aborto, y seguir exigiendo la concreción de las llamadas reformas energética y laboral, como lo hace el articulista Jorge Fernández Menéndez. De la nueva derecha forman parte por igual panistas como Santiago Creel que priístas como Eduardo Bours; líderes sindicales como Elba Esther Gordillo que líderes empresariales como Roberto Hernández. Igual Carlos Salinas que Diego Fernández de Cevallos, Ernesto Zedillo o Vicente Fox. El grito de batalla de todos ellos es el mismo: reformas estructurales.

Esta nueva derecha se apoderó del PRI a partir de 1982 y desplazó al viejo nacionalismo autoritario en esa institución política. También tomó el control del PAN a partir de 1992, e hizo a un lado a los viejos panistas doctrinarios que tenían como referencia las ideologías demócrata cristiana o social cristiana. Hoy esa misma derecha va por el PRD para nulificar a la vertiente política que desde su fundación ha sostenido un programa de fuerte inspiración patriótica y social.

3. El desempate. De 1982 a 1988, a los neoliberales les bastó controlar al PRI para realizar la primera generación de reformas neoliberales: privatización de empresas públicas secundarias, contención del salario de los trabajadores, despidos masivos en el gobierno y reforma constitucional para limitar el alcance de la propiedad del Estado. No obstante, tan sólo eso bastó para que el PRI se rompiera, y perdiera la elección presidencial de 1988. A partir de 1989 fue indispensable el apoyo del PAN para la privatización bancaria y de telefonía; la reforma constitucional en materia agraria y la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Más tarde, aumento al IVA de 10% a 15% y el Fobaproa.

Sin embargo, hay dos reformas neoliberales fundamentales que no han podido hacer: privatizar los energéticos y flexibilizar la contratación laboral. Llevan 20 años en ello y no lo logran. La resistencia social a tales reformas es muy poderosa. El costo social y político de su aprobación sería altamente capitalizable por una oposición de izquierda.

Así, hay un empate en estos temas que no han podido romper. Por eso necesitan cooptar al PRD, para demoler la credibilidad de la única fuerza que podría aglutinar el descontento popular contra esas reformas. Por eso, los teóricos de la “izquierda moderna” son los intelectuales de la derecha. Si el PRD vota a favor de esas reformas, aunque sea parcialmente, si juega un rol de omisión, como lo ha hecho hasta ahora, o si tan sólo se opone en lo formal sin levantar una resistencia verdadera, como sucedió con el gasolinazo, la derecha financiera del país, la nueva derecha, la derecha gobernante desde 1982, se habrá alzado con una victoria política inimaginable hace unos años. La privatización energética está estancada y el PRD es el principal dique de contención. Por eso la derecha está metida en la elección interna del PRD

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