martes, 8 de abril de 2008

DEFINITORIO

Informan los heraldos negros que el proyecto de reforma para la privatización de PEMEX circula ya en el Senado , muy seguramente el documento recoge las conclusiones del “diagnóstico” que se elaboró para conocer el estado actual de la paraestatal y del cual se decía en términos sencillos que estaba quebrada. Esta será la línea a seguir y de la cual se servirán mañosamente para confundir a muchos ciudadanos , empezará ahora el trabajo mediático lo cual obliga a estar atentos.

El Dr Juventino V. Castro y Castro escribió hace poco más de una semana un artículo en el que plantea varios cuestionamientos que en este momento bien valdría la pena formularse para frenar el engaño que se está fraguando.


CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA


Por Juventino V. Castro y Castro *


La Secretaria de Energía y el Director General de PEMEX, ratificaron la semana pasada lo que el sector privado ya había elaborado y programado desde el momento mismo en que Lázaro Cárdenas estatizó el petróleo y todos los carburos sólidos, líquidos o gaseosos: ¡PEMEX es un desastre!


Las reservas que pudiera sustraerse del subsuelo están agotadas; el aceite depositado en las aguas profundas del Golfo de México (en la parte que constituye el mar territorial mexicano) por ignorancia supina del propio PEMEX (lo dicen con conocimiento directo la Secretaria de Energía y su Director General) no pueden extraerse.


Urge –concluyen- el arribo a nuestro país del capital privado con recursos económicos y técnicas adecuadas (que están en poder –y sólo lo pueden estar- de los monopolios internacionales), el substituir a la inútil paraestatal que ya está caduca. Los “ gringos ” se van a “ chupar ” todo el petróleo que existe en el fondo marino del Golfo ¡S.O.S.; “May Day”!


Enfatizaron ante el Presidente (el estudio se preparó precisamente para él, pero obviamente lo era para la opinión pública), la grave y palmaria disminución de las reservas ya que PEMEX tiene una incurable incapacidad para producir los mismos niveles que existieron en el pasado; y, finalmente, aconsejaron se elabore un esquema legal de contratación adecuado para establecer relaciones a largo plazo con proveedores y contratistas, lo cual no existe a la fecha aunque sí se practica en secreto.


En general, cualquier mexicano nacionalista entrará en depresión ante tántas catástrofes, por muy desinteresado que sea.


La conclusión: quienes tienen poder público, presupuesto suficiente y experiencia política (como debe entenderse que tienen la Secretaría de Energía y el Director General de PEMEX), son los únicos que podrían sacarnos del apuro.


Y si esos grandes expertos nos dicen cuáles son los problemas y cuáles sus remedios, el “aconsejado” Presidente debe actuar de conformidad: ¡PEMEX debe declararse una catástrofe nacional!

Tuvo razón Cárdenas al nacionalizar y estatizar. Pero a él y a Calderón los ha derrotado la conocida ineficiencia mexicana. ¡Miremos hacia los triunfadores! ¡Roguémosle a ellos su guía y su dirección!

No sé por qué (suelen decirme el malicioso ) todo me huele a otro engaño privalístico muy bien elaborado; digamos como aquél que vendieron tan exitosamente y que se iniciaba con: “Ténganle miedo a…!

Si no me justifico corro el riesgo de que los poderes fácticos pudieran decretar en mi contra (soy además muy aprensivo), una campaña que se iniciara como: ¡Cuidado con Juventino!
Esto aunque estoy convencido que nadie –ni en mi casa- me toman en serio, ni me consideran digno de ser escuchado y tomado en cuenta en cuestiones trascendentes.

Consulto en Internet las características de PETROLEROS MEXICANOS. Obtengo esta respuesta textual: “Pemex tiene ventas superiores a los 106,000 millones de dólares al año, una cifra incluso superior al PIB de algunos países de la región .” Alguien debe haber pagado para que se difundiera tanta mentirota, porque ahora nos explican que prácticamente está en quiebra.
Quizás para fundamentar mi última sospecha, sería bueno citar a uno de los principales expositores del derechismo mexicano: Luis Pazos.


El nos dice –y quiere convencernos- que la privatización de PEMEX “amenazaría a enquistados intereses de grupos de poderosos funcionarios gubernamentales, líderes sindicales y empresarios que durante 60 años se han enriquecido a la sombra de un mal entendido nacionalismo”.


¿Quien miente; quien dice la verdad? No lo sé, pero me extraña la posición del señor Pazos, cuando afirma que privatizar, es una “alternativa sana, conveniente y urgente”. Explica como contraste, que si se privatizara PEMEX “además de relevar al gobierno de inversiones millonarias, le reportaría unos ingresos extraordinarios que permitirían sanear las finanzas públicas y reducir notablemente la deuda interna y externa”; y se permite agregar: “Privatizar PEMEX no requiere decir que la empresa se va a otro país o que el gobierno ya no reciba inmensos ingresos a través de impuestos y regalías.”


Me extrañan sus afirmaciones porque todo su razonamiento nos afirma que las empresas extranjeras que luchan por la privatización pueden relevar exitosamente al gobierno de aplicar de su presupuesto inversiones millonarias , pero con ello no se impide que el Gobierno Mexicano (nótese que yo sí lo escribo con mayúsculas) reciba “inmensos ingresos”.


Si los ingresos que México reciba de las empresas que serán los próximo dueños de nuestro petróleo, nuestro gas y nuestros carburos, llegaran a ser inmensos, más inmenso sería el beneficio para las empresas privadas (ellas si muy inteligentes, muy honradas, y muy mexicanas) que harán inversiones millonarias y todavía dejarán a nuestro país obtener un ingreso inmenso.


¿No sería mejor comprar tecnología, que no se bien por qué le dicen de punta, y quedarnos con las ganancias, los impuestos y las regalías?


¿No sería mejor que los ilustrados defensores de las empresas privadas internacionales nos precisaran y nos dieran un “principio de prueba” de quiénes fueron y siguen siendo los funcionarios gubernamentales, líderes sindicales y empresarios que se han quedado con las riquezas que ahora los monopolios internacionales generosamente desean rescatar para bien de México, y en perjuicio únicamente de dichos monopolios?


Para fijar nuestro propio criterio, debemos tener en cuenta que Pemex, mal manejado, inmerso su funcionamiento en la traición y en el abuso de propios y extraños, teniendo en su contra a los últimos mandatarios que sólo buscan su puntual fracaso para justificar su empeño en privatizar a la empresa nacional, contribuye –en estas fechas precisas- con cerca del 40% del total de los ingresos del país. Si se privatizara (no PEMEX sino el petróleo mexicano y sus derivados) ¿con ello lograríamos entre el 40.1% y el 100% de los ingresos que requiere el país?

Unas últimas preguntas: ‘¿Y si aplicáramos -con honestidad- a PEMEX los mejores sistemas administrativos y tecnológicos de las principales empresas petroleras del mundo? ¿Fracasaríamos?

* Ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación , Especialista en Amparo y Derecho Constitucional.

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