martes, 5 de agosto de 2008

¿ Consumatum Est ?

SUSPICACIAS FUNDADAS ”



Por Juventino V. Castro y Castro


Creo que recordaremos por muchos años el intento de un titular del Ejecutivo Federal por privatizar no a PEMEX (que finalmente es opción desechada con desprecio porque la paraestatal ya había sido previamente arruinada) sino a una de las principales –si no es que la principal-, áreas estratégicas que nuestra Constitución “había” apartado para ser manejada, como todas las anunciadas en nuestro artículo 28 constitucional, por el sector público, en forma social, y sin la intervención directa u oblicua de la iniciativa privada, muy especialmente la internacional.


No cabe duda que nuestro país jamás se había enfrentado tan dramáticamente a los poderes fácticos internacionales, que -habiendo ya logrado apoderarse de nuestras principales fuentes de riqueza-, dejó para el final la perla más codiciada: los hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos. No estoy olvidando la producción de eléctricidad.


Si alguien ingenuamente creyó (yo confieso que fui uno de ellos) que nos encontrábamos dentro de los novedosos programas de un nuevo régimen de un característico partido conservador, a la fecha ya sabemos que detrás de él, como si fueran uña y carne, están los poderes fácticos de los monopolios internacionales, ahora más peligrosos que nunca puesto que están luchando por su sobrevivencia cuando su sede –los Estados Unidos de América, quienes muy pretenciosamente se llaman así mismo América -se encuentra en difíciles condiciones económicas y financieras ante el poderío europeo y asiático que –infortunadamente- algún día serán nuestros nuevos amos.

La gesta de los que se han enfrentado a tan decisivos poderes es digna de encomiarse. Lo que necesita México (lo que por su ausencia lo debilita y lo empobrece) es concientizar su presente, y realizar su futuro.


Padecemos de gran flojera mental y física; somos contemplativos , cachazudos y calmudos. El Foro del Senado de la República, la abundancia de estímulos que proyectaron; la consulta ciudadana que se llevó a cabo con medianos resultados; la convicción de que la industria petrolera no debe regalarse, y que fue objeto de una maniobra deteriorante e intencionada, y ahora debe reconstituirse con sentido soberano; la nueva proposición, ahora del Partido Revolucionario, más experimentado pero más contradictorio y ambicioso que nunca; todo el verdadero debate nacional que todo ello está provocando, ha despertado al mexicano, si por despertar entendemos despercudirse o despestañarse.


No me arrepiento de lo que afirmo, aunque algunos pudieran molestarse con mis sinceras expresiones. Somos un pueblo de étnias contradictorias, adormiladas y comodinas, puesto que en vez de dinamizar y actuar preferimos criticar, despreciar, burlarnos y contestar a los argumentos con algún chiste o un albur.


De ahí que este artículo (debería decir, esta queja), lo haya dedicado a las suspicacias . El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, define la suspicacia como una especie o una idea sugerida por la sospecha o por la desconfianza. Claro que en el caso de la lucha por el petróleo mexicano uno sospecha o desconfía tomando en cuenta los personajes políticos y sobre todo financieros que están inmersos en esta traicionera aventura; pero agrego que son suspicacias fundadas.


Mucho se ha hablado al respecto, citándose los orígenes de las sugerencias que ahora yo adopto. En primer lugar inquiriría por la explicación de por qué la mayor industria de México (que nos mantiene a todos), y es una de las más sólidas en Iberoamérica, prácticamente está quebrada, hasta el extremo de que la iniciativa proyecta la expedición de bonos para financiar a Pemex. Por supuesto que tendríamos que pensar en la ineptitud y en la irresponsabilidad de sus dirigentes, pero habría que indagar por qué razón los Gobiernos priístas y panistas eligieron, y sobre todo mantuvieron el desastre administrativo.


Deberíamos pensar en la existencia de una estrategia intencionada para lograr resultados aparentemente apoyadores de la iniciativa, pero al propio tiempo tomar las extraordinarias ganancias para beneficio del presupuesto nacional, los presupuestos de los Estados a los cuales en su totalidad el Gobierno Federal “regala”, y finalmente de los Sindicatos y dirigentes de ellos que son “convidados” a disfrutar del botín sí aceptan ser cómplices de los Gobiernos en el poder. Tendríamos que extremar nuestras suspicacias fundadas en el otorgamiento –por parte de la Administración de Pemex-, con el expreso consentimiento del Gobierno en turno, de unos ilegales contratos llamados “ de servicios múltiples ”, que se iniciaron en la industria eléctrica, y aún se mantienen vivos ahí y en Petróleos, mediante los cuales los particulares y sus empresas, nacionales y extranjeras, intervienen provechosamente en una área estratégica reservada a la Nación.


Buen cuidado han tenido en ocultarlos, pero sobre todo han hecho maravillas para evitar que la Suprema Corte analice los contratos y los valore, aprovechándose del error regulatorio de que el pueblo no esté legitimado para plantear controversias constitucionales o acciones de inconstitucionalidad –del artículo 105 constitucional-, y que las personas individuales no pueden pedir un examen de inconstitucionalidad de los actos de los funcionarios públicos, los administradores de la paraestatal, los miembros del Sindicato de la Industria Petrolera , porque nuestro maravilloso juicio de amparo sólo puede funcionar por lesiones que afecten a un particular, y no en intereses que lesionen a toda la sociedad.

Textualmente lo establece el artículo 107 constitucional, en sus dos primeras fracciones, cuando ordena vigilar que la acción constitucional correspondiente “ se siguió siempre a instancia de parte agraviada ”; y que la sentencia que se dicte en un juicio de amparo “ sólo se ocupe de individuos particulares ”, sin hacer “ una declaración general respecto de la ley o acto que la motivare ”.

Por supuesto que la indebida entrega de las funciones propias de las áreas estratégicas de la Nación , lesiona a todo el pueblo mexicano y no a un particular concreto, pero también que es verdad que por ello las acciones de amparo que pretendan algo distinto carecen de legitimidad, y deben sobreseerse de acuerdo con el actual artículo 107 constitucional y su Ley Reglamentaria. Mucho he insistido en la reforma de los ordenamientos conducentes (el constitucional y los reglamentarios), y en el enriquecimiento de nuestro extraordinario juicio de amparo, creándose y adicionándose con un “ amparo social ”.

Los que piensan lo contrario se indignan nada más de escuchar tales –para ellos- desvaríos. Están felices en que si un acto (lo cual es natural) o una ley (ahí radica la importancia de la sugerencia) son inconstitucionales, ello es válido sólo para el que interpone el amparo, pero para nadie más.

Quien no haya interpuesto el amparo tendrá que aceptar y cumplimentar la ley declarada inconstitucional por nuestro Más Alto Tribunal y Único Intérprete de la Constitución .

Se dice que el petróleo es nuestro , pero si alguien nos lo quita ello no puede reclamarse por quien no resulte lesionado en lo particular, sino solamente en lo social . El amparo tradicional es improcedente.

Las controversias constitucionales y las acciones de inconstitucionalidad también lo son. Hasta un partido político puede pedir se declare inconstitucional una ley electoral, lo cual le está vedado al mexicano común y corriente que se supone es el propietario de una parte proporcional del petróleo que subyace en su territorio o en su mar territorial.

Por lo tanto: los particulares que hayan celebrado los ilegales contratos de servicios múltiples pueden descansar tranquilamente: “ el petróleo es del sector privado” , no de los mexicanos como se cree.

No estoy creando suspicacias; estoy fundamentando unas sospechas y mostrando unas suposiciones que se basan en la realidad. Los contratos de servicios múltiples existen y están blindados .


Es tan endiabladamente bien fundamentada la maniobra privatizadora vigente (no la que ahora propone Calderón), que podrían darse el lujo los monopolios internacionales de aceptar el fracaso de las iniciativas (me temo que estoy cayendo, a mi vez, en pecado de ingenuidad, porque me estoy olvidando del mayoriteo parlamentario ), ya que con el actual estado de cosas es tan satisfactorio –para ellos- que podrían gritar: ¡ El petróleo es de nosotros los listos !


Está claro que atrás de las maniobras de los monopolios petroleros internacionales, está un mundo de abogados, políticos, industriales y financieros internacionales muy difíciles de derrotar. Asombra su gran organización, sus capacidades técnicas, su ilimitado poder, y las posibilidades inmensas de lograr derrotarnos.


Por ello también creo, como muchos lo han insinuado, que el verdadero proyecto del monopolio internacional (y de sus paniaguados nacionales) no fue el primero, presentado al Senado de Calderón, sino el segundo dado a conocer posteriormente por el PRI.


Es obvio que ya está decidido que, uniendo sus fuerzas, PAN y PRI aprobarán el verdadero proyecto (el segundo). Que se desgranarán las controversias constitucionales contra dicha aprobación (minoría parlamentaria; Gobiernos estatales no pertenecientes a los partidos unidos), y volverá a recaer en la Suprema Corte la decisión final.

Soy orgulloso y consciente Ministro en Retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Nadie me veda el pronosticar sobre la probable resolución, pero responsablemente me veto de hacerlo.

2 comentarios:

Laura Zamora dijo...

Así que como sociedad –hasta- legalmente estamos desprotegidos, a merced de nuestros gobernantes… triste, muy triste.

No había pasado por mi cabeza la estrategia echada andar –conjuntamente PRI y PAN- para la aprobación de la reforma energética, así que el dichoso foro ha sido solo una pantalla.

Éste es un juego de volverse locos, ¿en quién puedo uno confiar entonces? ¿Acaso todos los esfuerzos que se hagan serán allanados por una máquina maquiavélica –llamada estado- y que en conjunto con los medios de comunicación lo único que hacen es engañarnos?

¿Es posible creer en la autonomía de la SCJN para resolver a favor delo que como pueblo demandamos?

¿La batalla está perdida?

A.Castro dijo...

Hace mucho que la Corte dejó de ser una instancia que imparte justicia , es sólo un tribunal de legalidad . Unas veces interpretan la ley de manera holgada y otras parece que lo hacen con calzador.

Es triste decirlo y sobre todo constatarlo , la SCJN está contaminada y no se encuentra en su mejor momento.


Hay que tener los pies en la tierra , septiembre no pinta bien .


Laura , muchas gracias.

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