miércoles, 3 de septiembre de 2008

¿ Quién dejó la puerta abierta?

La Corrupción y la Impunidad

Por Juventino V.Castro y Castro*


E
l grave problema de la inseguridad que vive con intensidad el México actual –todo mundo lo sabe, menos aparentemente el Gobierno en el poder- es la corrupción y la impunidad. La corrupción se da en todos los sectores, pero especialmente en el sector público. Pero los sectores social y el privado “no cantan mal las rancheras ”.


Consiste en que nuestras autoridades han perdido casi totalmente la ética en el desempeño de sus cargos, la lealtad a las instituciones y la cultura de la legalidad (si alguna vez realmente constituyó cultura mexicana).


Empezó la tendencia desde los inicios de la Revolución Mexicana, ya asentados los generales del ejército popular en el gobierno y en el disfrute del poder público, dando motivo al nacimiento de la mexicanísima “mordida".


Ésta tiene como requisito el que quien disfruta “legalmente” del poder público favorezca a quien no tiene derecho ni instancia alguna, en preferencia al pueblo soberano que le otorgó la dinámica pública, muy pronto copiada por los inversionistas , es decir un montón de descartados que buscan únicamente su provecho personal y se hacen de una riqueza mal habida que les permita continuar mandando en el país, que en realidad es de todos.


Nuestra mordida se internacionalizó, y ya no somos el único país que muerde, sino que nos acompañan en el desvío regímenes extranjeros también altamente corruptos. Pero hay que aceptar que en el evento “corrupción” las autoridades públicas mexicanas siguen conservando la medalla de oro.


En lo que se refiere al problema de la impunidad , en mi concepto ésta no es más que el campo de aterrizaje de la corrupción.


No es tan difícil entender que si los actos corruptos fueran realmente investigados y clarificados, la conclusión forzosamente tendría que ser la consignación y el procesamiento de las autoridades y empleados corruptos.


Así –para muchos- no habría valido la pena el encontrar padrinos, porque al final padrinos y ahijados acabarían en la cárcel por sus actos inmorales, y además se traduciría en advertencia para otros “ antojadizos ” que estén dispuestos a todo para obtener prebendas impensables (como los parientes de jefes de Gobierno), en un estricto cumplimiento de la ley, pero que no ocurriría cuando sí son procesados y condenados sus modelos de imitación.


Es decir, en mi concepto la impunidad es el efecto cierto de la corrupción oficial, porque ambos ocurren en el mismo equipo como acusados y acusadores. Por ello podríamos introducir una variante: los actuales problemas de impunidad en México se originan únicamente en la corrupción.

Podría pensarse que estoy fustigando simplemente a la corrupción de las autoridades. No hay tal, también practican la dañina corrupción el industrial que vende productos en que “trampea” la calidad exigida; es corrupción también la de los comerciantes: vender caro y con nula calidad productos de primera necesidad; es corrupto quien acapara y oculta esos productos para elevar artificialmente su precio; es corrupto el ciudadano que ofrece o acepta la “mordida”; que compra mercancía robada; que alienta con su indiferencia al delincuente a incumplir la ley y las restricciones de conducta; que ofrece servicios o “gangas” que nunca se plasmarán; quien no obedece intencionalmente el orden público y sus leyes; quien se esmera por encontrar “salidas” a los mandatos legales; quien al no denunciar los delitos deja a sus autores en la impunidad; quien grita el 15 de septiembre ¡Viva, México! pero no está dispuesto al menor sacrificio por salvar a su patria de los inmorales, los voraces, los violadores de la ley.


Es verdad, se han producido manifestaciones impresionantes que a todo pulmón gritan. ¡Ya basta! Y que además sinceramente lo sienten.

Pero nadie quiere hacer personalmente nada. Se limitan a exigir a las autoridades que atiendan y combatan a la corrupción impune que nos rodea. Deja en sus manos totalmente la solución del problema que magnifican a gritos y sombrerazos. Pero no están dispuestos a denunciar a los delincuentes, a dejar de comprar “chueco”, a concluir con el comercio en manos de “piratas”, vaya ni siquiera a obedecer y disciplinarse ante los semáforos y a las reglas de tránsito.

Debe entenderse a cabalidad. Las autoridades no están dispuestas a perseguir a “los suyos”, ni a disolver a sus mafias de delincuentes, no están inclinadas a cambiar nada en el país.


Lo que no haga directamente el pueblo para combatir a la corrupción (empezando por la propia) no debe pedirse al “capo mayor” de la mafia.

La gran pregunta final: ¡Cómo lograr eficazmente en México el cambio de la actual cultura de la corrupción !

* Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación , Doctor en Derecho y Especialista en Amparo , Penal y Constitucional.

pensamientos@juventinovcastroycastro.com.mx

2 comentarios:

Laura Z. dijo...

¿"Todo derecho conlleva una obligación", diría Arturo Castro?

Leía hace unos días sobre la "supuesta" depuración policiaca en Tabasco a cargo del Ejército; al final de la nota la reportera terminaba con una pregunta: "¿Y cómo le van a hacer después para mantener limpios de corrupción a los cuerpos judiciales que queden?"... ¿historia de nunca acabar?

Alguna vez escribiste que para remediar lo que no nos gusta en el gobierno lo primero que debiamos hacer era "cumplir las normas de nuestro lugar de convivencia"... nada tan cierto.

Lo mismo diría el Dr. Castro, el buen juez y el buen ciudadano por su casa empiezan.

Tarea difícil y urgente, sin duda.

Saludos cordiales.

Arturo Castro dijo...

Alguna vez en algún lugar de la mancha urbana de cuyo no puedo acordarme , en una institución privada de educación superior y por supuesto en la vida de otra persona ; sucedió que varios maestros llegaban tarde a sus clases , las improvisaban y dejaban toda la carga de investigación de contenidos a sus alumnos para que ellos despúes los expusieran. -Para acabar pronto - no se les percibía ni un intento de compromiso por formar y educar . No obstante , recibían una retribución económica en pago a su función como “maestros” .

Los alumnos aún conscientes de esa situación preferían guardar silencio ; pues sabían que algo sí tenían seguro , la acreditación de la materia.


¿ No será ésta una forma de corrupción desde la aulas?

¿ Influirá en algo este tipo de experiencias en su desarrollo como profesionistas?


Para mi el combate a la corrupción e impunidad es la madre de todas las batallas. Un examen personal sería un buen comienzo y ver que no es tan intrascendente decir ¡ qué tanto es tantito !.



Laura , muchas gracias.


Saludos

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