viernes, 12 de junio de 2009

Votando que es gerundio.


“VOTAR O ANULAR EL VOTO”

Por Juventino V. Castro y Castro*


El actual juego de moda entre los mexicanos (especialmente al acercarse las elecciones del 5 de julio) es: ¿Votaré; no votaré; anularé mi voto?

Si he de ser sincero ello me causa tristeza y depresión. Hemos caído tan bajo en nuestra calidad ciudadana que podría ser un augurio de nuestro futuro: ¿Viviré; moriré; me suicidaré?

Antes de empezar a lucubrar sobre el tema, se me antoja pronunciarme con todo mi ser: ¡ Viviré y votaré!
Creo que todo México sabe cuál es el razonamiento que motiva lo que piadosamente he llamado un juego (en realidad se trata de una descomposición social).
De cualquier manera debo precisar mis afirmaciones, ahora que ocurre que los mexicanos estamos aquí, pero nuestra existencia y nuestra idealidad están en el infinito. Siempre que se entienda por los ausentes voluntarios que México no forma parte del infinito, sino de la nada.
Existe una corriente que aconseja a los ciudadanos mexicanos concurrir a las urnas instaladas en las casillas de votación. Explican que votar es una obligación ciudadana (artículo 36, fracción III, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos), y para no aconsejar en contra de los mandatos constitucionales, sino para cumplir –a medias- con ellos, sugieren (y el movimiento ha tomado un auge inusitado) que uno mismo, en forma consciente, anule su voto en cualesquiera de sus formas legales, pero principalmente aconsejan cruzar todas las candidaturas (que no es el voto en blanco) para así formular un voto indefinido, que obliga a que el personal de la casilla anule el voto por no ser congruente con el planteamiento que se hace. Un suicidio político.
Quienes éso aconsejan explican que el país ha llegado a límites de posibilidades de actuar como una nación civilizada, respetuosa, integrada y bajo una estructuración nacionalista acabada, por el hecho de haber sido gobernada por dos partidos políticos (casi sólo uno, pero que consiguió un cómplice) que sólo han visto por sus intereses particulares, su ideología y sus sucias maniobras; partidos que han anulado a un noble país que surgió a la vida independiente para ser libres y positivos y que inexplicablemente se ha sometido a la corrupción de los políticos, a su específica designación, a rechazar su propio descrédito, como si no pudiera reaccionar positivamente para encausar su destino.
Como es sobradamente conocido los dos partidos referidos no incluyen un tercero mayoritario que los dos primeros soportan, en ocasiones preocupadamente. Continúan afirmando que sugerir no votar es tanto como convidar a desobedecer a la Constitución, en lo cual ellos no se muestran conformes. Votar por el menos malo -siguen diciendo-, es legitimar a la mediocridad política y administrativa, todo lo cual no les resulta aconsejable. Y les damos la razón.

Por ello ese movimiento está convidando a asistir personalmente a emitir su voto pero no en blanco porque ello es trampear a la democracia, y ratificar que los destinos del país quedará en manos de los eternos maniobreros de las elecciones, que revisten de legalidad a sus partidarios seguros, que están dispuestos a luchar por los intereses de sus dirigentes y no del pueblo ciudadano. Por ello desechan y desaconsejan el voto en blanco.
En cambio –razonan- anular su propio voto, es tanto como enviar un mensaje de este –o similar- tenor: “Te reprocho la política que has seguido durante casi un siglo. Te hago saber mi descontento y mi protesta”.
Así es como debe interpretarse –continúa el razonamiento- el asistir a la votación ciudadana para que nadie se moleste en “elaborar” un resultado, sino dinamitándolo el propio pueblo.
No puedo tildar de ingenuos a quien así razonan. No lo puedo hacer porque es una sugerencia que proviene de sesudos y honorables mexicanos, a quien yo respeto y admiro. De ninguna manera estoy señalando ingenuidad , sino congruencia.
Congruencia con la que creo y en la que muchos de mis conciudadanos coinciden. Y lo razono a continuación.
Me pronuncio –en determinación firme- contra ese consejo de votar para que se desacredite el voto por una persona determinada, y se prefiere -por ello- el suicidio político.
Y lo razono en la siguiente forma:
En los términos del artículo 39, la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo; y por su parte el 40 de la misma Constitución sostiene que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República democrática.

El 41 explica –a mayor abundamiento-, que el pueblo ejerce su soberanía mediante elecciones libres, auténticas y periódicas.
La República es la forma; la Democracia es el fondo . Andrés Serra Rojas (“Diccionario de Ciencia Política”) define así a la Democracia: “Sistema de Gobierno que se caracteriza por la intervención de las mayorías de los ciudadanos en la organización del poder público. La democracia tiene como fundamento la idea de que las cosas públicas interesan o afectan a todos y deben resolverse con el concurso de todos o, al menos de las mayorías”.

A un cuestionamiento de qué hacer, o como manejar, una cuestión importante inscrita en la cosa pública, la democracia contesta: “Lo que quiera la mayoría”.

El abstencionismo o la anulación voluntaria del pueblo, estará contestando: “Lo que quieren las personas que sí votaron y lo hicieron pretendiendo conformar una mayoría democrática, y no los que bajo pretextos quieran regalar su posibilidad de formar una mayoría que dilucide una cuestión pública.”

Adviértase –además- que el mensaje principal de los complejos anuladores del voto, queda en la imaginación de quien se interroga tratando de entender el mensaje:
¿El mensaje es –como se pretende- que se está protestando contra la política puerca? ¿Es, por el contrario: me uno a los que se abstuvieron de votar, para que en el fondo quieran decir: “hagan lo que quieran"?

¿Es, finalmente, “cuando tú aprendas a respetar el voto, yo volveré a votar positivamente” ?
¡Qué complicado! ¿No?
La democracia mexicana (y toda democracia en general), es simplemente gobernar según resuelva la mayoría. Pero la mayoría debe pronunciarse (a favor o en contra) para que se entienda a cabalidad su mandato democrático.
No podemos actuar como lo hace la esposa despechada:
¡Para qué me preguntas, si al fin y al cabo vas a hacer lo que se te antoje!
* Doctor en Derecho , Especilista en Derecho Penal ,Amparo y Constitucional, Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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