domingo, 11 de diciembre de 2011

Evidencias (PRIMERA PARTE)


Por  A.Castro 

He escuchado de gente  que se dice apartidista que su alejamiento de los partidos políticos  radica  principalmente en  su falta de propuestas  y disposición  para hacer frente a los problemas nacionales reduciéndolo todo a la expresión “No hay ni a cuál irle ,todos son iguales ”.  Quienes  en ejercicio de su libertad deciden desvincularse de las ideologías  y postulados de los partidos políticos , si ninguno llena sus expectativas  no hay obligación de  sentir afinidad por ellos y están  en todo  su derecho de apartarse .  Sin embargo , siendo honesto ,creo que muchos de esos ciudadanos apartidistas optan  por la vía fácil   yéndose  por el  cliché  en lugar  de invertir  unos minutos de su tiempo en reflexionar  si  realmente vivimos   un  vacio de propuestas y alternativas para dar  solución a las necesidades   de nuestro país.

Para  esta fecha prácticamente  están definidos  los precandidatos  a la presidencia  de la república de las fuerzas políticas nacionales más importantes , y aunque acción nacional  todavía  no ha decidido quién será su abanderado  o abanderada , no existen entre  sus aspirantes  diferencias sustanciales en sus proyectos  de gobierno ,  con todo  y que en  días recientes   hayan querido esforzarse  por distinguirse entre ellos sosteniendo  ríspidos encuentros   con algo que  más bien  movía  a la hilaridad, pues resulta  absurdo pensar que alguien pudiera salir limpio de una lucha en lodo.

La circunstancias se han acomodado de tal forma  que hoy un ciudadano puede ver casi de manera gráfica qué opciones tiene para decidir  el rumbo de México  en  los próximos años ; esto es ,  impulsar un cambio sustancial  o permanecer estático  con todos los efectos que implica.


Trataré  de clarificar mi afirmación.


Pocas veces  puede crearse  un consenso entre las personas  como el que ocurre en el tema de la educación , así en una reunión con amigos o familiares   por más alejadas que parezcan nuestras posturas  sobre la  manera de reorganizar   la  descomposición  en la que vivimos,   armónicamente  llega la coincidencia de  -cómo y cuál -  debe ser ese  primer  paso,  arribando a la conclusión de  que el punto de partida es la  educación de nuestro pueblo.
  

Sé  que puede sonar  como  una paradoja, pero aferrarnos a la formación educativa como pilar de un  cambio social  es para el ser humano   en cierta forma algo instintivo.

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